EL BRUJO

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COMPLEJO ARQUEOLOGICO EL BRUJO

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Relato

16 Enero 2015


A cinco kilómetros del pueblo de Magdalena de Cao se encuentra el complejo arqueológico El Brujo. Un cartel en la entrada indica la ubicación de las tres huacas que conforman el complejo: Huaca Prieta, El Brujo (a la derecha) y la Huaca Cao Viejo, que es la única que ha sido puesta en valor, a quinientos metros.

Se ingresa a través de un conjunto de edificaciones, donde está la boletería, el museo de sitio, una tienda de souvenirs y servicios higiénicos. Todo esto ha sido construido en concreto caravista color natural que se mimetiza con el entorno. El ingreso cuesta diez soles por persona. Se debe caminar algo más de cien metros subiendo por una rampa para llegar a la huaca, donde para conservar sus muros ya limpios y puestos en valor, se ha colocado una gran cubierta tensionada para protegerlos de las posibles lluvias y de la inclemencia del tiempo.

Dentro de la cubierta puede observarse siete niveles de muros con sus respectivos escalonamientos. En dos de ellos han sobrevivido parcialmente diseños en relieve coloreados en rojo y blanco. En el segundo nivel se ve una fila de personajes desnudos, de perfil, atados por una cuerda en el cuello; aparentemente serían prisioneros rumbo al sacrificio. En el tercer nivel vemos los personajes de frente, tomados de las manos, con vestidos y atavíos de jefes o sacerdotes, y encima de ellos se conserva un fragmento de una figura antropomorfa. Siguiendo hacia el extremo izquierdo, en un doble quiebre del muro, se aprecia un diseño representando escenas con personajes, astros, animales, plantas y seres míticos.

En la parte superior de la huaca, en un ambiente techado con una estructura de caña donde fue hallada la tumba de la Señora de Cao, se aprecia diseños geométricos como si se tratase de textiles. Aquí los colores usados son el rojo, amarillo, blanco y negro. En otro espacio donde hay relieves con la figura del dios Aia Paec, se ha realizado sobre un muro una simulación del proceso de elaboración del relieve. El recorrido de la huaca toma media hora.

El museo de sitio Cao exhibe los objetos hallados durante las excavaciones, entre los que destacan un gran ídolo tallado en madera de lúcumo, joyas y piezas de cerámica con representaciones de escenas rituales y de la vida cotidiana. Aunque hoy en día la mayoría de museos del mundo lo permite, aquí no se puede ingresar con cámaras fotográficas o celulares. Si los lleva, debe dejarlos en custodia.

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INFORMACIÓN

COMPLEJO ARQUEOLOGICO EL BRUJO

COMPLEJO ARQUEOLOGICO EL BRUJO Se encuentra ubicado a 60 km al noroeste de la ciudad de Trujillo, cerca al pueblo Magdalena de Cao, en el distrito del mismo nombre, provincia de Ascope, Región La Libertad. Se trata de uno de los sitios arqueológicos más completos y antiguos de la costa peruana, pues tiene huellas de casi todas las ocupaciones culturales, desde el Pre-cerámico hasta la Colonia; es decir, 5000 años de ocupación cultural.

El apogeo de este centro de poder fue durante la época Mochica, del 200 al 800 d.C. Se trataba de un centro ceremonial cuyo esplendor debió ser extraordinario; con sus enormes pirámides de barro, pintadas y ornamentadas, fácilmente visibles desde cualquier lugar del valle. Este era el punto desde donde la élite manejaba el poder religioso y político del valle de Chicama, desde el periodo Mochica Temprano. Eran tiempos de bonanza de recursos naturales. Los señores Mochica interactuaban con las élites del valle y con los señores gobernantes de los valles vecinos; de esta forma se favorecía un creciente desarrollo productivo, gracias a los contactos marítimos y a los mecanismos de reciprocidad.

Arquitectónicamente, el Complejo estaba conformado por dos grandes pirámides de adobe, una frente a la otra. Entre ellas, y al Sur, se definían espacios sagrados de culto. A pesar de que falta ahondar los estudios, es muy probable que hubiera construcciones para alojamiento, almacenamiento, áreas de producción de alimentos y objetos suntuarios, así como callejuelas, pasajes, entre otros. Lamentablemente, todo está casi completamente destruido por acción del viento, la fuerte humedad y las sales producidas por el mar.

Huaca Cao Viejo es el santuario más importante de todo el centro ceremonial. Para su construcción, que empezó aproximadamente hacia el segundo siglo de nuestra era, se utilizaron miles de adobes de forma cuadrangular. Se trata de una pirámide trunca de lados escalonados, con el frontis principal decorado y orientado ligeramente hacia el noreste. La pirámide de Huaca Cao Viejo ha pasado por siete etapas constructivas, respetando siempre el diseño arquitectónico original. Esto quiere decir que hay una superposición de construcciones, una sobre otra, a lo largo de casi ocho siglos, lo que parece indicar que el espacio del santuario fue considerado sagrado.

En su última etapa de uso, el templo medía 140 metros de largo, 100 de ancho y 35 de alto. Frente a él había una plaza ceremonial, con muros también decorados, que tenía 140 metros de largo y 75 de ancho, es decir, más grande que una cancha de fútbol. Había también otros edificios construidos hacia el Este y Oeste de la plaza; rampas y recintos pintados de blanco con hornacinas al interior, probablemente relacionados también con los rituales que se llevaban a cabo en la plaza ceremonial. Entre la plaza y el frontis principal había por el lado Este una enorme rampa que permitía el acceso a un nivel superior, luego del cual había rampas laterales que ascendían a la plataforma superior de la pirámide, modelo que también sigue la Huaca de la Luna.

La pirámide estaba pintada en distintos lados y niveles con blanco, rojo y amarillo, colores muy significativos para las culturas prehispánicas. El rojo bermellón se relacionaba con lo sagrado, con la vida, la sangre y el poder; mientras que el blanco con lo espiritual, lo sagrado, la pureza. El color amarillo, solo presente en el frontis principal, tenía relación con la luminosidad de los astros, la Luna y el Sol. Se trata, pues, de un simbolismo muy profundo y significativo relacionado con el mundo mágico-religioso de esta cultura.

Hay otras fachadas del templo y de las paredes interiores de la plaza ornamentadas de manera espectacular, con imágenes que demuestran el poder de la élite gobernante y que servían para trasmitir el mensaje de los sacerdotes a los asistentes a la plaza ceremonial. La fachada principal contiene un discurso relacionado con el sustentador del mundo, Aiapaec, o el Decapitador, cuya figura preside la parte superior. De su imagen surgen figuras de serpientes, felinos, arañas y seres antropomorfos, que dominan todo el espacio, y que son la transfiguración del ser supremo y se relacionan con la fertilidad de la tierra, las lluvias y los ritos de la muerte, componentes básicos de toda ideología que busca armonizar el mundo divino con el mundo terrestre para el bienestar de la comunidad.

En la parte más alta del santuario se celebraban las ceremonias privadas de mayor rigor religioso. Ahí también hay seres estilizados, como la mantarraya, el life (un pez de agua dulce) y seres marinos y de albuferas. Todas estas figuras labradas en las paredes estaban protegidas del sol con techos sostenidos por columnas pintadas. El color gris de las paredes llamó la atención debido a que tiene en su composición minerales brillantes que le dan un aspecto escarchado; lo que hace imaginar cómo habría sido la imagen de la pirámide a la luz de la Luna llena o con un fuego encendido en el interior del patio ceremonial. Rodean al patio superior muchos recintos interconectados a través de vanos angostos y pasajes exteriores, posiblemente también para la práctica religiosa.

En uno de los recintos del lado oeste de la plataforma superior de la pirámide, bajo el sello de una masa de adobes tramados que lo cubría, se descubrió un ídolo de madera de 2.48 metros de altura por 0.81 de ancho, labrado en un tronco centenario de lúcumo. El ídolo se encontraba extendido con la cara principal hacia la tierra. Se trata de un personaje con características humanas, con las manos extendidas hacia las caderas, y sobre el personaje aparece a manera de tocado la figura labrada de dos felinos estilizados o animales lunares, como se les llama. Toda la imagen estuvo pintada y enchapada con metal dorado en sus partes principales. Quizás se trata de la representación de algún personaje mítico o ancestro que formaba parte de la cosmovisión temprana de los Mochica. Algo que llama la atención es que el ídolo ha sido reparado más de una vez utilizando clavos de cobre, lo cual significa que esta imagen tal vez sufrió los efectos de un terremoto o fue dañada por los insectos. Vale decir que el lúcumo es un árbol sagrado para el mundo prehispánico; de este árbol también fue tallado el famoso ídolo de Pachacamac.

Esta figura imponente en su estado normal habría sido venerada sobre un altar y al interior de uno de los recintos del templo, desde las fases arquitectónicas más tempranas. Sus características son únicas hasta el momento dentro de lo que se conoce de la cultura Mochica. También se encontró, en medio de un angosto pasaje exterior, muy cerca del recinto del ídolo, un par de porras de madera despojadas de sus enchapes de metal dorado, enterradas como ofrendas. Por la naturaleza de los hallazgos y su ubicación, todo indica que estas reliquias fueron traídas a estos espacios para ser enterradas ritualmente en un proceso de remodelación del templo temprano. Se trata, sin duda, de uno de los mayores cambios arquitectónicos que ha sufrido Huaca Cao Viejo; y que representa posiblemente la reestructuración del orden en la sociedad Mochica. (fuente: Régulo Franco Jordán)

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