LAODICEA

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LAODICEA

17 Mayo 2015


Muy cerca de Pamukkale se encuentran los restos de Laodicea, que fue una de las ciudades más ricas de Asia Menor, por estar situada en una importante ruta comercial. era conocida por sus entidades financieras, su fina lana negra y su escuela de medicina.

Los restos de Laodicea se encuentran muy cerca de Pamukkale y es uno los sitios donde más intensamente trabajan los arqueólogos.

Fue fundada en tiempos del Imperio Seleucida, y prosperó rápidamente llegando a tener una población de 150 mil habitantes, cuando las ciudades importantes de la época tenían hasta 50 mil. Durante el imperio romano alcanzó su máximo esplendor, con la cercana Hierápolis. En el año 60 fue destruida por un terremoto, pero sus ricos habitantes rechazaron la ayuda imperial y la reconstruyeron ellos mismos.

En el Libro del Apocalípsis (3: 14-22) se critica a esta opulenta ciudad por su tibieza en la Fe con la famosa frase “eres tibio, ni frío ni caliente, y por eso voy a vomitarte de mi boca”.

Es curioso ver tours organizados especialmente para visitar las siete ciudades del Apocalípsis, a cuyas iglesias Juan escribió sus cartas desde la isla de Patmos. Dos de ellas, Efeso y Esmirna, eran grandes ciudades portuarias; y tres, Tiatira, Filadelfia y Laodicea, eran centros industriales y comerciales que disfrutaban de gran prosperidad e importancia económica. Sardis y Pérgamo habían sido capitales de poderosos reinos y aún tenían gran influencia política en el tiempo de Juan.

Se llega en quince minutos en auto desde Pamukkale.  El ingreso cuesta diez liras y para recorrerla se emplean un par de horas. Hacía mucho calor. El lugar tiene restos muy interesantes, que los constantes trabajos de excavación y la determinación de las autoridades por recuperarlo, están haciendo que cada vez puedan apreciarse mejor.

Saliendo nos quedamos visitando la tienda de Bulent Karakaya, quien nos invitó un café al estilo turco. Después de beberlo, al fondo de la taza queda una pasta de café. Dicen que al voltearla sobre el plato y dejarla enfriar, puede leerse tu futuro.

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INFORMACIÓN

LAODICEA

LAODICEA o Laodikeia, antes conocida como Diospolis y Rhoas; es una ciudad del antiguo Imperio Seléucida, establecida entre 261 a. C. y 245 a. C. por el rey Antíoco II Theos y nombrada en honor de su esposa Laodice. Estaba ubicada a unos 6 km al norte de la actual ciudad turca de Denizli, en la provincia del mismo nombre, cerca de la aldea de Eskihisar.

Fue una próspera ciudad comercial, ubicada en la intersección de dos importantes rutas, y famosa por sus textiles de lana y algodón. Era un centro comercial y bancario clave. Vendía una muy conocida pomada para los ojos que contribuía a su riqueza, y también era famosa por prendas de vestir de alta calidad hechas de excelente lana negra allí mismo. También contaba con un acueducto que les proveía de agua tibia.

Según Plinio, la ciudad se llamó originalmente Diospolis, “Ciudad de Zeus”, y luego Rhoas. Laodicea, cuya fundación se atribuye a Antíoco II Teos, fue probablemente construida en el sitio de esas antiguas ciudades. Estaba situada aproximadamente 10 km al sur de Hierápolis y 17 km al oeste de Colosas, sobre un importante camino. Antíoco III el Grande trasladó allí alrededor de dos mil familias judías de Babilonia. Esta comunidad judía adquirió gran importancia. En 188 a. C. pasa al reino de Pérgamo, y en 133 a. C. cae bajo el dominio del Roma. Según Apiano, sufrió mucho durante la guerras Mitridáticas pero pronto se recuperó y hacia finales de la república y bajo los primeros emperadores, beneficiándose de su situación en una importante ruta comercial, se conviritó en una de las ciudades comerciales más importantes del Asia Menor, donde se realizaban importantes transacciones monetarias y se negociaba lana negra. Recibió de Roma el título de “ciudad libre”, y fue la ciudad cabecera de un conventus que comprendía otras 24 ciudades. Cicerón recuerda haber juzgado casos allí hacia 50 a. C.

El sitio sufría frecuentemente de terremotos, y Tácito apunta que en el año 60/61, bajo el reinado de Nerón, uno de ellos destruyó completamente la ciudad; los habitantes rehusaron la ayuda imperial y la reconstruyeron por sí mismos. La riqueza de sus habitantes creó entre ellos un gusto por el arte griego como se observa en sus ruinas, y dan testimonio del desarrollo de la ciencia y literatura los nombres de los filósofos escépticos Antíoco y Teoidas, sucesores de Enesidemo, y la existencia de una gran escuela médica. Fue también cuna del sofista Polemón de Laodicea (ca. 90 – 144). La ciudad acuñaba sus propias monedas, cuyas inscripciones dan prueba de que en la ciudad se adoraba Zeus, Esculapio y Apolo, y a los emperadores.

En los primeros tiempos del cristianismo, albergó una importante comunidad de creyentes. Su iglesia, cuyas ruinas aún se conservan, era una de las “Siete Iglesias del Asia Menor”.

En 494 la ciudad es destruida por un terremoto, lo que marca el comienzo de su declinación. A raíz de las invasiones turcas de 1070, los turcomanos ak?nc? se instalan en sus alrededores, lo que genera conflictos con los bizantinos que dificultan notablemente el desarrollo de la ciudad. En 1077 Laodicea se convierte en una ciudad turca; los bizantinos la reconquistan en 1097, pero en 1102 cae nuevamente bajo el dominio del sultán selyúcida de Rüm Kilij Arslan I. Los bizantinos la retoman en 1119.

El emperador bizantino Manuel I Comneno la fortificó a mediados del siglo XII.

En el sitio arqueológico actual pueden observarse las ruinas del estadio, el anfiteatro, el odeón, la cisterna y el acueducto así como los baños termales y del Ninfeo.

APOCALÍPSIS (3: 14-22) 14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá fueses frío o caliente! 16Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17 Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. 18 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. 19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. 20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.21 Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. 22 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

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